Sociedad | Oberlín | Müller | Mariano Oberlín

Mariano Oberlín: "Cuando terminé de leer la Biblia me dije: en esto quiero gastar mi vida"

El sacerdote llegó a la parroquia Crucifixión del Señor en 2010. Desde entonces, si bien celebra misa todos los días, desarrolla su trabajo asentado fuertemente en lo social. La desigual pelea contra el narcotráfico, la pobreza y la articulación con los organismos del Estado. Qué es "Mundo Müller", la marca que es el orgullo del barrio.

Por Guillermina Delupi

Mariano Oberlín está siempre haciendo algo. Cuando no está al frente de la misa, se lo puede ver con su ropa de fajina y herramientas en mano, construyendo lo que podría ser una mesa. O una casa. Desde pequeño -y pese a las prohibiciones de su madre- siempre trabajó “porque quería ayudar a mi mamá, que trabajaba muchísimo”.

Cuando terminó el secundario en el Manuel Belgrano ingresó a la Facultad de Arquitectura. Un año más tarde, leyendo la Biblia, encontraría su verdadera vocación, que lo ha llevado a ser hoy un referente del trabajo social y comunitario en una de las zonas más golpeadas de la ciudad: barrio Müller.

- ¿Cómo han transitado la pandemia desde el quehacer social?

- Como institución nos fue muy bien, lo mismo nos pasó con el macrismo (se ríe) cuando se intentó tercerizar la pobreza y nos dieron ciertas ayudas. Durante la pandemia el Estado fortaleció a las instituciones que trabajamos con temas sociales. Por otro lado, muchos chicos que estaban en situación de calle, de los cuales algunos tienen problemas de consumo, cuando fueron a parar a los gimnasios porque no podían estar en la calle, después de un par de semanas sin consumir empezaron a pensar en hacer tratamientos en serio. Pasamos de tener 15 chicos viviendo acá a tener 60.

- ¿De qué edades?

- Generalmente son de 17, 18 años en adelante, incluso por una cuestión legal. Los más chicos no piden ayuda por lo menos en este tipo de instituciones. Ahora estamos armando una escuela, es de la Provincia pero la obra está frenada. Así que funciona en una salita que les hemos prestado y la idea es contener a los chicos menores porque la pandemia fue trágica en ese sentido: los chicos de los barrios más carenciados quedaron fuera de todo sistema, incluido el escolar.

- Y con más necesidades…

- Al principio muchos no calzaban en ningún programa social y quedaron a la deriva. Aumentó muchísimo la gente que viene a los comedores. Después se empezó a flexibilizar y empezaron a poder salir a changuear. Pero hubo una etapa muy crítica que si bien estuvo sostenida por el Estado, no llegó a todos los sectores. La pandemia puso en evidencia cosas que existían pero nadie consideraba. Tenía la esperanza de que después de la pandemia intentemos como sociedad resolver eso, pero no veo que esté pasando.

- ¿Estamos peor?

- Las cuestiones estructurales son la gran deuda. Al principio me generó cierta esperanza pero hoy estoy más bien escéptico. En cuestiones habitacionales no hay nada, al menos para los sectores más carenciados. Y no hablo de dar casas, sino de habilitar un espacio público, hacer la apertura de calles, brindar infraestructura y ofrecer la posibilidad de pagar un terreno en cuotas. Acá si hay algo que saben hacer los pobres es construir. Sólo se necesita tierra y algunos materiales.

- ¿Cómo es la articulación con los Estados?

- En general es muy buena con los tres. Con Nación, a través de Sedronar, que financia las actividades y algunos otros programas. Con la Provincia a través de la Secretaría de Equidad y Empleo tenemos talleres de oficios. Y con el municipio a través de la Dirección de Prevención de Adicciones y de Desarrollo Social. Ahora nos han dado un contrato de mantenimiento de espacios verdes. Eso les ha permitido a doce chicos ganarse una moneda y mejorar además las condiciones del barrio. Otro grupito trabaja en una fábrica de madera plástica y otros mantienen un basural; este último es un programa social. Es interesante porque el basural no tiene que ver sólo con lo estético, sino con cuestiones de salud.

Mariano Oberlin TRES.jpg

- Somos una sociedad que por definición excluye, ¿Cómo se revierte eso?

- Voy a sonar políticamente incorrecto, pero creo que hay algo inscripto en el corazón del hombre. Hay cuestiones estructurales, discursivas e ideológicas que ayudan y otras que no. Hay que intentar hacer este cambio cultural de percepción de las distintas realidades, pero además cada uno tiene que hacer una conversión del corazón.

- ¿Hay un futuro posible?

- La historia es cíclica, no tanto como un círculo sino como un espiral. Hoy ya no hay lugar para algunas cosas pero de alguna manera se vuelven a repetir ciertos criterios. Ha habido épocas donde la cosa se pudo percibir desde otro lugar y de golpe volvimos para atrás. Pero me parece que la historia es un poco ese ciclo. No es tener una mirada pesimista sino decir: esto es una conquista de todos los días.

- ¿En qué momento decidiste hacer lo que hacés?

- El Cura Vasco fue mi inspirador, estuvo en mi parroquia cuando yo era chico. Mi viejo fue un desaparecido y él nos ayudó mucho. Yo imaginaba al cura como trabajador social. A los 19 años empecé a estudiar arquitectura, hacía las materias que podía porque trabajo desde los doce años: fui mecánico, albañil, y hasta estuve en una fábrica de soda. En un momento empecé con una crisis existencial. Tenía trabajo, estudiaba, me iba a recibir, ¿y después qué? Nada me llenaba. Entonces me puse a leer la Biblia. Cuando terminé me dije: En esto quiero gastar la vida. Y a los 21 años entré al Seminario.

-¿Por qué Müller?

- Creo mucho en la providencia de Dios. Siempre pedí un lugar humilde, por mis raíces y mi historia. Me mandaron a Obispo Trejo, un pueblito en el campo. Estuve dos años ahí, luego tres años en Alta Gracia y otros tres en La Calera. Hasta que un día me mandaron acá. Justo se iba a inaugurar el Sitio de la Memoria y nos dimos cuenta de que mi papá había estado preso y probablemente enterrado en el Campo de la Ribera. Así que me dije: será este el lugar donde tengo que estar.

- Llegaste a la parroquia en 2010, ¿qué es lo que más te ha marcado desde entonces?

- Los primeros tres responsos que me tocó hacer: a dos chicos que se habían suicidado después de un episodio de consumo y a una nenita de cuatro años que habían acordado aparentemente por un ajuste entre narcos. Lo primero que pensé fue en irme porque yo venía de la pobreza extrema, pero esta era otra realidad. Encima estaba en un lugar en el que sentía que tenía que dar respuestas. Y si no podía hacer nada, no quería estar ahí. Pero charlamos con la gente de la parroquia y nos propusimos hacer algo. Hubo muchas trabas al principio pero la gente empezó a sumarse y armamos una Fundación para darle formalidad.

- ¿Tuviste miedo alguna vez?

- Sí. He tenido varios episodios, algunos muy feos, amenazas incluso, pero con el tiempo entendí que le entregué la vida al Señor y si llego a su presencia antes o después es sólo una cuestión de tiempo.

- ¿Se ha agravado el narcotráfico?

- Es imparable. Por lo menos con la legislación actual, como está planteada, va a seguir creciendo. Y no es un problema del barrio nomás, pasa en todos los barrios y en todo el mundo. Ni Estados Unidos ha podido resolverlo y gastan fortunas en la persecución del narcotráfico.

Dejá tu comentario