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Médica veterinaria riocuartense premiada en EE.UU.

María Eugenia Cadario fue galardonada con el premio Raíces del Ministerio de Ciencia, en reconocimiento por su aporte en la formación de nuevos profesionales.

La médica veterinaria riocuartense María Eugenia Cadario acaba de recibir el premio Raíces (correspondiente a la edición 2018 que por cuestiones burocráticas se vio demorado). Se trata de un galardón otorgado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación. La profesional, que reside en Estados Unidos desde hace casi 30 años y se dedica a la cría de caballos, fue destacada por su aporte en la formación de jóvenes veterinarios. En diálogo con Puntal, habló de la importancia del reconocimiento y se refirió a las tareas que desempeña en el país del norte.

-¿Cuál es su formación?

-Me recibí de médica veterinaria en mi querida Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC) en el año 1988. De 1988 a 1992 fui ayudante ad-honorem de la Cátedra de Producción Equina, bajo la dirección del Dr. Luis Losinno, y fui residente en un haras de Capitán Sarmiento (“Los Ilusos”, de Tito Bedoya), bajo la dirección del Dr. Diego Benegas. En 1994 completé una residencia de dos años en Theriogenology (Reproducción) en la Universidad de Florida (UF), de Estados Unidos. Recibí la certificación (especialidad) del American College of Theriogenology (DACT) en 1995. En 1996 completé una Maestría en Ciencias (MS), también en UF, bajo la dirección de la Dra. Michelle LeBlanc. En el año 2000 revalidé el título de médica veterinaria en Estados Unidos, a través de la certificación otorgada por la Comisión Educativa para Graduados Veterinarios Extranjeros (ECFVG), perteneciente a la Asociación Médica Veterinaria Americana. Fui profesora (Lecturer-jefe de residentes) del Departamento de Grandes Animales, Escuela de Veterinaria, UF, entre 1998-2002.

-¿Cuánto tiempo hace que vive en Estados Unidos?

-Hace 29 años que vivo en Estados Unidos. Vine en 1992, en teoría, solo por dos años, ya que me gané una Residencia en Reproducción en la Universidad de Florida con la Dra. Michelle LeBlanc. Ella era en ese momento una de las mayores referentes en el mundo en reproducción equina.

-¿Cuál su tarea allí?

-Trabajo en práctica privada y soy profesora de cortesía en UF. En el año 2002 inicié una clínica ambulatoria privada (“Equine Reproduction Specialty Practice”) que se especializa en servicios veterinarios de reproducción equina en la zona de Ocala, Florida (la capital mundial del caballo). Soy, también en la actualidad, profesora de cortesía en el programa de rotaciones para alumnos de los dos últimos años de la Escuela de Veterinaria de UF.

-¿Cómo fue que se fue a Estados Unidos?

-Siempre me atrajo la idea de pasar un tiempo y recibir entrenamiento en alguna universidad de Estados Unidos o Europa. En el año 1991 me aceptaron para hacer una pasantía en Neonatología y Pediatría Equina en “New Bolton Center” en la Universidad de Pennsylvania. Allí tuve el privilegio de conocer a toda una personalidad en reproducción equina (además de ser una persona increíblemente humilde), el Dr. Bob Kenney, que me estimuló para que aplicara a distintas universidades de Estados Unidos para las residencias en reproducción. En ese mismo viaje conocí a la Dra. LeBlanc (quien sería mi mentora por varios años en UF), la cual sugirió lo mismo. Ese mismo año ella viajó a Argentina a dar unas conferencias y me entregó personalmente todos los formularios para aplicar a la residencia en UF. Éramos seis los candidatos y tuve la suerte de salir elegida. De la manera en que sucedió, creo que todo estaba escrito.

-¿Cómo son tus vínculos con Río Cuarto?

-Tremendamente fuertes. Lamentablemente ya no tengo a mis padres, pero tengo a una de mis hermanas, Elisa, y un sobrino, Nico. Además de estos vínculos familiares, tengo a mis compañeras y amigas del colegio “Cristo Rey” de toda la vida y amigas y amigos que fui adquiriendo a través de los años de “facu”. Voy todos los años, generalmente dos veces. Es impresionante porque la sensación que tengo (y me lo han dicho varias veces) es que nunca me fui del todo.

-¿Cómo se sobrelleva el desarraigo?

-No es fácil, sobre todo para alguien tan apegada a su familia, sus amigos y su lugar. Pero tengo la suerte de tener aquí un hermoso grupo de amigos argentinos desde hace años. Nuestros hijos se criaron juntos y nos hemos convertido, a través de los años, en familia, lejos de nuestras familias. Nunca falta el asadito, las empanadas, las sobremesas largas y el humor, que es tan cultural. Por suerte, comunicarse en esta época es muy fácil y las reuniones con familia y amigos por Facetime o WhatsApp me convencen, por lo menos por ese ratito, que no nos separan 12.000 kilómetros y 3 aviones. De cualquier modo, nada devuelve las fiestas de cumpleaños perdidas, los días de la madre lejos, la recibida del hermano menor o los sobrinos. Y nada, definitivamente nada, reemplaza el abrazo.

-¿Qué implica haber obtenido el premio Raíces?

-Los premios Raíces están destinados a científicos argentinos que residen en el exterior y colaboran activamente con el fortalecimiento del sistema nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación del país. Si bien he hecho investigación y publicado y parte de mi actividad es dar cursos y conferencias (alguno de ellos en Argentina), mi aporte proviene de colaborar en la formación de jóvenes veterinarios argentinos, recibiéndolos todos los años en pasantías, enseñándoles lo que voy aprendiendo y exponiéndolos a un sistema diferente, o no tanto, de trabajo. Al mismo tiempo ellos me prestan una ayuda increíble profesional y humana (mi hijo Santi se crió creyendo que todas las pasantes eran sus tías). Esta actividad se inició en el año 1993 en colaboración con la Cátedra de Producción Equina de la UNRC y luego se fue extendiendo a otros grupos. El significado de haber obtenido este premio para mí es muy profundo. Entendí finalmente que lo que nos pasa en la vida es perfecto, es lo que tenía que pasar (aunque no lo entendamos en su momento). Comprendí que, entre otras razones, a mí me tocó estar en este lugar para poder devolver (enseñando) un poco de todo lo que recibí de mi querida UNRC y de mi país.

-¿Son valorados los profesionales argentinos en el mundo?

-Sí, definitivamente creo que sí. Tenemos la inteligencia, el talento, la formación y la reconocida característica de saber trabajar con menos recursos, lo cual nos hace muy ingeniosos en el momento de resolver problemas. He escuchado muchas veces que los profesionales argentinos pensamos “out of de box” (fuera de la caja o de lo estructurado). Valoramos lo que recibimos cuando vamos a otro país a aprender algo nuevo y trabajamos muchísimo para ganarnos un lugar y ser respetados. El reconocimiento es lo que sigue en esta secuencia.

-¿Cuáles son los proyectos que tiene a futuro?

-El plan es seguir trabajando durante los próximos años en práctica privada, enseñando como profesora de cortesía en UF y, por supuesto, seguir recibiendo veterinarios argentinos en pasantías. El trabajo en reproducción con yeguas y padrillos es muy exigente físicamente, por lo cual me gustaría ir disminuyendo la clínica y aumentando la actividad académica. Pero sé que va a ser difícil porque disfruto mucho de trabajar al aire libre y en yeguas con problemas de fertilidad. Me gustaría realizar parte de la actividad académica en Argentina. La idea sería pasar un par de meses, fuera de la temporada reproductiva de Estados Unidos, dando clases y cursos de posgrado. Dentro de lo científico, uno de mis proyectos es unirme a un grupo de investigación en Estados Unidos que trabaja en enfermedad de Cushing y síndrome metabólico equino. Estos dos temas me apasionan y se sabe muy poco sobre su impacto en la reproducción y sobre todo en la preñez de los equinos.

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