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Una campaña de ubicaciones

Apático y sin ideas, el proceso electoral sólo es una ratificación de pertenencias. Schiaretti busca una oportunidad a nivel nacional. El Frente de Todos y una estrategia deshilachada.

A dos semanas de las elecciones primarias, cada vez más precandidatos destinan unos minutos en las notas periodísticas a pedirle a la gente que el 12 de septiembre no ejerza la apatía, que vaya a votar y que, más allá del enojo, se exprese. Esa apelación asume un dato que se refleja en las encuestas y que se manifestó en los últimos comicios provinciales o municipales: el desinterés creciente que existe en una porción cada vez mayor de la población, que se posiciona ante las elecciones como si fuera una cuestión ajena a sus intereses.

Más peligroso que un voto castigo al gobierno es un voto castigo a la política en general.

La campaña, por si fuera poco, no invita al entusiasmo. No es nuevo que no haya ideas ni propuestas, es un fenómeno que se viene repitiendo, pero en este 2021, a pesar de los ingentes problemas que enfrenta el país, la decisión parece ser incrementar todavía más la carga de liviandad de los mensajes políticos. Los spots se afanan -otro reflejo de la indiferencia de los votantes- en captar la atención a cualquier precio y a adaptarse a los lenguajes más insustanciales de las redes sociales.

Lo que existe en este primer proceso electoral que se emprende en pandemia es una campaña de ubicaciones, de posicionamientos. Los precandidatos exteriorizan tanto el lugar que ocupan como el que pretenden ocupar en el mapa político. Y la compulsa entre quienes buscan habitar un mismo espacio se enfoca en exhibir que sus credenciales son más legítimas que las del resto. Por ejemplo: la oposición se pelea por demostrar cuál es más antikirchnerista.

El oficialismo también ejecuta ese ejercicio de ubicación. Primero para diferenciarse pero, sobre todo, para ejercer una defensa de sí mismo y para expresar que por más complicada y negativa que sea la realidad actual, la que se vivió con Mauricio Macri era aún peor.

Y en la provincia hay un tercer actor que también ostenta su ubicación. El schiarettismo, Hacemos por Córdoba, se establece por fuera de los otros dos polos y hasta por encima de ellos: habla de un modelo propio, es decir de un tercer elemento que rompe el maniqueísmo, y hasta lo promociona como una posible superación a nivel nacional de lo que se conoce como la grieta y que está dando signos de agotamiento.

Schiaretti apunta a capitalizar así un dato que le marcan los sondeos: que en Córdoba ha caído convincentemente Alberto Fernández pero también Macri mientras que él mismo sigue con altos índices de imagen positiva. El gobernador busca mostrarse ajeno a la dinámica de los otros dos actores, que descienden.

La campaña del peronismo cordobés ha sido, hasta ahora, la más organizada y enfocada. Contiene tres elementos básicos: un despliegue territorial, tanto en los actos como en las listas, una búsqueda por explotar la imagen de Schiaretti y el recuerdo de José Manuel de la Sota con dos cabezas de lista que, como un elemento adicional y no menor, son mujeres.

El oficialismo provincial postula que la elección que se viene es una oportunidad para apoyar el modelo Córdoba y darle un empujón a nivel nacional.

La estrategia puede acertar o fallar -las campañas no dejan de ser ensayos- pero contiene una lógica.

En otro plano se ubica la campaña del Frente de Todos. Por supuesto, a los candidatos del kirchnerismo nunca puede resultarles liviana la tarea de tratar de seducir el voto cordobés, siempre tan reacio, pero tampoco el momento es benévolo con ellos. No sólo porque las condiciones de vida se erosionan día a día por la pérdida del poder adquisitivo, lo que dispara el malhumor, sino porque deben ser los portavoces de un gobierno que tiene un Presidente afectado políticamente y que alcanzó su máximo nivel de deterioro a partir de la publicación de la foto en que se lo ve posando y sonriente en la fiesta de cumpleaños de Fabiola, que se organizó y se concretó en Olivos mientras el resto del país estaba en cuarentena estricta.

Pero, además, la configuración de la campaña en Córdoba parece ser fruto de la confusión. O la desorganización. Sólo un ejemplo: ¿a quién se le ocurrió que era una buena idea, con potencialidad de ser electoralmente redituable, traer a Río Cuarto, una región agrícola y ganadera, a Paula Español, secretaria de Comercio Interior y vocera pública del cepo a la carne? La funcionaria, que tuvo un paso rasante por la ciudad, se reunió con algunos empresarios en el Cecis pero no dio respuesta alguna; ostensiblemente las evitó. Su presencia se habría justificado si hubiera venido a uno de los centros productivos del país a anunciar que el cepo de la carne se terminará pronto. O si hacía anuncios positivos. Fue todo lo contrario: no atendió ninguna de las inquietudes que se le expusieron.

Su “charla” en la sede del Cecis configuró uno de los episodios más bizarros de la política reciente en la ciudad. Los comerciantes y empresarios, que habían ido en busca de algún dato alentador, se toparon con que la comitiva adosada a Español no les ofreció soluciones sino que les dio pautas teóricas de análisis para entender la realidad y los instó a que, cuando tengan ganancias, procedan a repartirlas democráticamente. Ese norte es, por supuesto, deseable; pero no pareció precisamente oportuno a dos semanas de una elección y en un momento en que se buscaba un acercamiento con el sector.

Español completó el cuadro con una descripción de la economía actual que, según dijo, está caracterizada por la reactivación de la producción y el consumo. La secretaria de Comercio Interior, que tiene a su cargo la dinámica de los precios, ignoró en su temario la inflación, que sumó 29,1% en sólo siete meses, y prefirió el optimismo. Afuera, en la calle, mientras ella hablaba de la recuperación evidente, los comercios se empecinaban en mostrarse semivacíos.

Difícilmente Español haya captado algún voto.

En lo que se ha centrado el kirchnerismo provincial es en seducir intendentes para conseguir un mayor despliegue territorial. Cuando se lanzó la campaña mostró que había captado a más de un centenar de ellos. Sin embargo, el schiarettismo puso en marcha su propios mecanismos de autodefensa y no sólo hizo que varios volvieran sino que los sentó el jueves en el acto de lanzamiento que protagonizó Schiaretti.

En el comando de campaña de Hacemos por Córdoba esperan que la anunciada visita de Alberto a la provincia se concrete. Creen que, lejos de sumar, será contraproducente para el Frente de Todos ¿Qué pasará en el caso de que el Presidente intente un encuentro con el gobernador? En el Panal están convencidos de que no lo hará, que sabe que le contestarán que ese día estarán todos ausentes.

El schiarettismo asegura que sus encuestas lo instalan por encima de los candidatos de Juntos por el Cambio aunque, por supuesto, ese cuadro de situación puede ser provisorio, ya que deriva de la división temporaria de la principal fuerza de oposición, que tras las Paso deberá reunificarse forzosamente.

De todos modos, esa fractura opositora le ofrendó al PJ cordobés la alternativa de un triunfo que hasta hace algunos meses ni siquiera aparecía en el plano de las posibilidades.

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