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El turno de la política

Alberto Bertea fustigó al ex vocero de Macarrón, Daniel Lacase, y lo responsabilizó por la caída de la cúpula policial y varios funcionarios del gobierno de José Manuel De la Sota. "La posibilidad de una intervención federal a la Provincia no era descabellada. Estaban todos los medios nacionales en Río Cuarto y había diferencias entre Kirchner y De la Sota", admitió.

Por Hernán Vaca Narvaja / @HVacaNarvaja

Aunque no hay nuevas pruebas, la paciente y cuidadosa estrategia pergeñada durante años por el abogado Marcelo Brito comienza a hacer agua y Marcelo Macarrón parece advertirlo. De lágrima fácil desde que empezó el juicio, el viudo evidenció las últimas semanas un genuino nerviosismo, que lo llevó a pedir la palabra para replicar los dichos de los testigos que recordaron una y otra vez su extraña conducta -y la de su familia y entorno- tras el homicidio de su esposa.

Más allá de su estrategia defensiva, Macarrón sabe que su destino está en manos de los ocho jurados populares –cuatro varones, cuatro mujeres- que lo miran de martes a jueves con incredulidad, asombro o indiferencia desde el fondo del estrado, a escasa distancia del jurado técnico, durante las extenuantes jornadas del juicio oral y (no tan) público que se lleva adelante en los tribunales de Río Cuarto.

El viudo sabe que, más allá de las barrocas intervenciones de su abogado, la mayoría de los testimonios escuchados hasta ahora le han sido adversos. Porque corroboraron que, como argumenta la acusación del fiscal Luis Pizarro -que elevó la causa a juicio-, el crimen de Nora habría sido planificado. Y parte de esa organización criminal incluyó sembrar el rumor de que la esposa del traumatólogo tenía un amante -Rafael Magnasco- que la asesinó después de un arriesgado juego sexual. Todo para desviar la investigación lo más lejos posible del entorno familiar.

La semana pasada, Justo Magnasco –ex amigo de Macarrón y hermano del primer imputado que tuvo la causa- arrojó un dato certero en esa dirección: además de haberse “colado” –no era miembro de la Peña del 36, que sí integraba el viudo-, Lacase intentó llevar consigo al entonces juez de control Daniel Muñoz. De haberlo convencido, el vocero se habría asegurado el control del proceso judicial que inevitablemente se abriría una vez cometido el homicidio.

Los dichos de la ex esposa de Magnasco, Maria del Carmen Garro, generaron estupor en la sala de audiencias: a menos de una semana del crimen llevó a su hijo a darle el pésame al viudo. Lo encontró en la previa de un asado con Lacase, que hacía los preparativos en el quincho de la vivienda. El viudo la invitó a subir a la habitación matrimonial, abrió el placard y se quejó amargamente de no saber qué hacer con la ropa de su esposa. Le dijo que si Rafael Magnasco había sido el asesino de Nora, igual podrían seguir siendo amigos. La mujer, ofendida, defendió la inocencia de su cuñado, bajó las escaleras y se fue. Nunca más volvió a la casa de los Macarrón.

Vocero en apuros

El ex secretario de Seguridad de José Manuel De la Sota, Alberto Bertea, rompió el récord de permanencia de un testigo en la sala de audiencias: empezó su declaración a las diez de la mañana y se retiró de tribunales pasadas las dos de la tarde. Su declaración estuvo centrada en el papel del vocero de Macarrón los días posteriores al crimen. Explicó que el origen de su enemistad con Lacase fue que lo había reemplazado al frente del Frigorífico del Sur -una empresa de economía mixta fundada por el intendente peronista Alberto Cantero- y denunció un faltante de cien mil dólares. “Desde entonces Lacase, que es un tipo rencoroso, oscuro, vengativo, se enojó mucho. Y aprovecho el crimen de Nora para atacarme a mí y a mi grupo político”, recordó.

“Todas las semanas venían los abogados de Córdoba (Rubén Tirso Pereyra y Benjamín Sonsini Astudillo), traían periodistas y debatían en el estudio del vocero la estrategia del día. Apuntaron al grupo nuestro, que habíamos comido un asado esa noche en la quinta del doctor Curchod”, precisó Bertea.

“Macarrón sabe que su destino está en manos de los ocho jurados populares –cuatro varones, cuatro mujeres- que lo miran de martes a jueves con incredulidad, asombro o indiferencia desde el fondo del estrado” “Macarrón sabe que su destino está en manos de los ocho jurados populares –cuatro varones, cuatro mujeres- que lo miran de martes a jueves con incredulidad, asombro o indiferencia desde el fondo del estrado”

“Hablaban de investigar el asado de Banda Norte, que el asesino estaba cercado, que estaban cada vez más cerca”, insistió. Y recordó que el vocero tenía el estudio jurídico a media cuadra del viejo edificio de tribunales y todos los días caminaba hasta allí para que los medios nacionales le hicieran entrevistas. “Esta locura del vocero mitómano hizo trastabillar al Estado Mayor de la Policía, yo renuncié y también renunció el fiscal general (Gustavo) Vidal Lascano”, advirtió.

“Más allá de las floridas y barrocas intervenciones de su abogado, la mayoría de los testimonios escuchados hasta ahora le han sido adversos al imputado porque corroboraron que, como argumenta la acusación del fiscal Luis Pizarro, el crimen de Nora habría sido planificado” “Más allá de las floridas y barrocas intervenciones de su abogado, la mayoría de los testimonios escuchados hasta ahora le han sido adversos al imputado porque corroboraron que, como argumenta la acusación del fiscal Luis Pizarro, el crimen de Nora habría sido planificado”

Bertea admitió que en los mentideros políticos se evaluaba la posibilidad de que el gobierno de Néstor Kirchner interviniera la provincia. “No era descabellado porque había mucha tensión entre Néstor y De la Sota”, apuntó el ex funcionario.

Antes de abandonar la sala, dejó flotando una frase para caracterizar a un importante sector del Poder Judicial de Río Cuarto: “Si esto le hubiese ocurrido a un trabajador no hubiera tenido la suerte del imputado de estar en libertad quince años”.

Por segunda vez en la semana, el viudo pidió hablar para tomar distancia de sus otrora incondicionales amigos Lacase y Rohrer. “Mis hijos creen que Rohrer mató a mi esposa y Lacase le armó la coartada”, dijo ante la mirada incrédula del jurado popular.

“Todas las semanas venían los abogados de Córdoba (Rubén Tirso Pereyra y Benjamín Sonsini Astudillo), traían periodistas y debatían en el estudio del vocero la estrategia del día” (Alberto Bertea, ex secretario de Seguridad de la Provincia) “Todas las semanas venían los abogados de Córdoba (Rubén Tirso Pereyra y Benjamín Sonsini Astudillo), traían periodistas y debatían en el estudio del vocero la estrategia del día” (Alberto Bertea, ex secretario de Seguridad de la Provincia)

El calvario de Magnasco

El abogado Rafael Magnasco dio detalles ante el jurado popular del infierno que vivió los días inmediatamente posteriores al crimen de Nora Dalmasso, cuando fue imputado por el fiscal Javier Di Santo. “Me tiraron un muerto y después me arrojaron a los leones de los medios de comunicación para que me masacraran”, graficó.

Magnasco fue el primer imputado que tuvo el caso. Di Santo lo imputó porque adujo que era la única forma de extraerle sangre para cotejar su ADN con el hallado en la escena del crimen. Sin embargo, pocos días después pidió muestras de sangre a una veintena de personas que contaminaron la escena del crimen –incluido él mismo- sin imputarlos. “Me arruinaron la vida a mí y a mis hijos. Yo no podía salir a trabajar porque estaban todos los medios del país esperando. Pedí el sobreseimiento y no me lo dieron. Tuve que pedir la nulidad de todo lo actuado para poder salir de esta pesadilla”, dijo. “Sufrí quince años algo que no hice por culpa de mentes malévolas, perversas, viles”, insistió.

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El abogado, amigo y por entonces colaborador del secretario de Seguridad Alberto Bertea, explicó que cada vez que los medios se hacían eco de los dichos del vocero trataba de anticiparse aportando pruebas al fiscal. “Cuando dijeron que el asesino era drogadicto, me hice una rinoscopia; cuando dijeron que no había espermatozoides en el semen que hallaron en el cuerpo de la víctima, me hice un espermograma”, recordó ante la mirada atenta de los jurados populares. Contó incluso que estaba tan paranoico que una vez fue a la peluquería y volvió para ver qué habían hecho con su cabello, temiendo que el vocero lo “plantara” en la causa para incriminarlo. Recordó, emocionado, que uno de sus hijos le preguntó en aquéllos días si era verdad lo que le habían preguntado en el colegio: “si su papá había asesinado a esa señora”.

“Esto fue absolutamente premeditado, armado, yo ni siquiera conocía a Nora, no hablé nunca con ella. Debe ser el único caso del mundo en que los amantes no hablan por teléfono entre ellos”, se quejó. Y agregó: “Mi vida fue un calvario y hoy sigo sentado acá. Yo no debería estar acá”. Antes de abandonar el estrado, cuestionó la actitud de la familia del imputado, que lo acusó livianamente pero nunca reclamó justicia por la víctima: “Acá no hubo nunca petición de justicia para una persona asesinada. Yo no he visto algo así en 30 años de profesión”.

Testigo clave

Para el martes próximo se espera la declaración de Ricardo Araujo, mano derecha de Miguel Rohrer, a quien los hijos del imputado consideran amante y homicida de su madre, según declaró Marcelo Macarrón cuando pidió la palabra para rebatir las palabras del ex secretario de Seguridad Alberto Bertea.

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Se estima que la declaración de Araujo será extensa porque Marcelo Brito deberá mostrar las supuestas pruebas que dice tener para involucrar al “francés” en el crimen de Nora, que hasta ahora no ha exhibido. Hay que recordar que así pudiera demostrar la participación de Rohrer en el homicidio, al estar prescripta la causa, ya no se lo podrá perseguir penalmente. Araujo debía declarar el jueves, pero la inusual extensión del interrogatorio a Bertea (cuatro horas) motivó su aplazamiento para la primera audiencia de esta semana.

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