Córdoba | cordobeses | Jóvenes

Hace falta un cordobesismo ambiental

Las generaciones más jóvenes comprenden la urgencia de modificar el modo de producir, consumir y vivir. La vetusta dirigencia política aún no se ha dado cuenta.

Hace mucho tiempo que Córdoba transita una vinculación insostenible con la naturaleza. Lejos está de mostrarse como la bella provincia que ha cuidado sus recursos naturales como fuente de principal atractivo. El progresivo desarrollo que manipularon sectores políticos está llegando a un fracaso rotundo y contundente. Las generaciones más jóvenes comprenden la urgencia de modificar el modo de producir, consumir y vivir. La vetusta dirigencia política aún no se ha dado cuenta.

En los últimos años ocurrió un verdadero ecocidio intencional. Los incendios dejaron miles de hectáreas de bosque nativo en un dolor silencioso. Las décadas de descuido en las cuencas hídricas ya hacen inestable la convivencia de los cordobeses con su hábitat natural, con su Casa Común. El fin de la biodiversidad llega a un punto sin retorno porque los ríos y los bosques no tienen repuesto y recuperarse parece imposible frente a la desidia y la especulación.

Otra más de la egoísta consecuencia humana que se considera una especie por encima de otros seres vivos. Actitud que ha puesto en jaque a todo el planeta; con una mirada siempre cortoplacista y miope de lo que nos rodea.

Córdoba no es la excepción. Es una de las provincias más ricas de Argentina, con uno de los Producto Bruto Interno (PBI) más altos del país. Sin embargo, con una economía insostenible en la ecuación de un 45% de pobreza estructural, un 15 % de desempleo y enormes niveles de degradación de todos sus recursos naturales. Además, con graves problemas en sus núcleos urbanos y un crecimiento demográfico desordenado en las periferias.

Esa disociación en su gestión marca el fin de un modelo agotado que pierde constantemente credibilidad política. Ese falso progreso llega a los oídos de los cordobeses repleto de engaños y sólo va quedando una sombra gris de asfalto, puentes que no conectan a las personas y rutas que no llegan a ninguna parte. Sólo un faro para un mar de ahogados y excluidos.

La dirigencia política no supo o no pudo resolver ninguno de los problemas estructurales de una matriz que vive del lustro de otros tiempos. Los intentos y errores se vuelven cíclicamente la piedra de Sísifo en las ideas mediterráneas. Un sinuoso camino de intentar hacer sustentable el desarrollo desde lo económico que termina en el mismo abismo.

Está claramente demostrado que las mayorías excluidas de la sociedad cordobesa no tienden a la felicidad como meta desarrollo. ¿Por qué? porque no hay tiempo para eso, no hay ilusión ni futuro. Demasiado hambre, desempleo y desesperación. Generaciones olvidadas e infelices.

El esdrújulo modelo cordobés de desarrollo basado en la concentración de mercados, commodities y ampliación de fronteras agroexportadoras amplió las brechas y grietas hasta orillas que se pierden a la vista. Vecinos que tienen agua contaminada y sin cloacas, un río que atraviesa la capital cordobesa contaminado desde su naciente hasta sus bañados finales.

Otros sectores intentan preservar lo poco que queda de bosque nativo. Una preocupación diferente por la naturaleza en sistemas de subsistencias o sistemas de preservación. Es por eso que Córdoba necesita pensarse fuera de la caja o fuera de la isla. Con una economía ecológica y humana. Una mirada desde la naturaleza donde el hombre se encuentre en el centro del debate. La naturaleza ordena otra manera de relacionarse con ella, brindar otras soluciones y una mirada diferente, vincular y amorosa con soluciones a problemáticas puntuales.

Es momento de actuar. Tener una reconciliación para cambiar de rumbo y de tiempos. Serán los jóvenes los verdaderos generadores de transformaciones, los liderazgos que piensen algún futuro posible. Serán los que se rebelen contra la destrucción de la Madre Tierra y los que se opongan a la contaminación sin ser llamados “ecoterroristas”. Que no prevalezca el mundo del revés donde cuidar, proteger, sanar y tener una profunda reflexión política y ambiental nos haga “peligrosos” y aquellos que avasallan, rompen, hacen negocios, clientelismo político o demagogia sean los ciudadanos y “emprendedores ejemplares”.

Córdoba necesita políticas ambientales claras. Es urgente y prioritario que se respeten las leyes vigentes. Defender la naturaleza es un derecho esencial, es defenderse a sí mismo.

Los cordobeses necesitamos primero vivir, luego vivir bien y finalmente vivir mejor. El futuro será verde o no lo será.

*Por Cristian Pérez – Periodista especializado en temas ambientales

Dejá tu comentario