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¿Cambia la acusación contra Macarrón?

El forense Mario Vignolo declaró por segunda vez en el juicio.

Por Hernán Vaca Narvaja / @HVacaNarvaja

Después de casi tres meses de idas y vueltas y ante la percepción popular de que el juicio oral y (no tan) público contra Marcelo Macarrón se encamina irremediablemente hacia la absolución del imputado, la presencia del forense Mario Vignolo por segunda vez en los tribunales de Río Cuarto abrió la posibilidad de que el fiscal de Cámara, Julio Rivero, pida el cambio de carátula y retome la hipótesis del penúltimo fiscal de instrucción, Daniel Miralles, que acusó al viudo de ser el autor material del crimen de su esposa.

Vignolo, que supervisó el trabajo de sus pares de Río Cuarto a pedido del fiscal Javier Di Santo, no dijo nada que no hubiera manifestado en su primera declaración en este juicio. Pero su sola presencia por segunda vez en la sala de audiencias es un indicio claro de que el fiscalhabría asumido que no conseguirá ningún elemento que apuntalela hipótesis con que la causa fue elevada a juicio: que Marcelo Macarrón contrató a uno o más sicarios para asesinar a su esposa. Acusación a prioriincompatible con lo relevado en la escena del crimen y las conclusiones de los forenses que examinaron el cuerpo, que siempre dijeron que Nora había tenido relaciones sexuales “fuertes pero consentidas” con su victimario momentos antes de su muerte. Ergo, conocía bien a su asesino.

El jueves, Vignolo volvió a defender la actuación de sus pares Mario Subirachs, Guillermo Mazzuchelli y Virginia Ferreyra –cuya declaración finalmente se incorporó por lectura- y la toma de muestras del bioquímico Daniel Zabala. “Del informe de la autopsia y de las fotografías del cuerpo que pude observar, no se deprende que la mujer hubiera sido forzada a tener sexo; desde mi punto de vista, esto fue sexo consentido”, insistió una vez más, en sintonía con su primera declaración. A diferencia de sus colegas riocuartenses, Vignolo no tuvo contacto con el cuerpo de Nora. Tampoco lo tuvieron los autores de la autopsia psicológica, que destacaron que el hecho de que su cuerpo fuera tapado con la sábana hasta la cintura implicaba “una necesidad subjetiva de reparación hacia la víctima” por parte del homicida.

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“No sabía que había una autopsia psicológica. Es una técnica muy útil y la conclusión a la que llega es similar a la mía: ahí hablan de reparación y yo hablo de respeto, pero estamos hablando de lo mismo. Esto refuerza la idea de que quien actuó conocía a la víctima”, insistió Vignolo. El defensor de Macarrón –ausente con aviso- buscó complicidad en el testigo para relativizar la importancia científica de la autopsia psicológica, pero se encontró con un ferviente defensor de esa técnica: “Mire, yo soy de los pioneros en aplicarla en el país. Me formé en México y en Cuba. Es una técnica que da muy buenos resultados en investigaciones de suicidios y femicidios”, dijo el forense, categórico, dejando a Brito sumido en un silencio incómodo.

En un juicio que por momentos escapa a toda lógica, la doble comparecencia de Vignolo pareciera inclinar la balanza hacia la hipótesis que siempre manejaron los forenses de Río Cuarto, avalada por la única prueba científica que hay en el expediente: el ADN de Marcelo Eduardo Macarrón, donante de las muestras halladas en la sábana de la cama donde encontraron el cuerpo, las zonas íntimas de la víctima –vulva y saco vaginal- y el lazo con que fue estrangulada (esta última la única pieza donde el viudo comparte su huella genética con otra persona de sexo masculino).

El martes, Rivero dejó pasar en forma increíble a otra testigo clave para refrendar la acusación que pesa sobre el viudo: su hermana y contadora, Gabriela Macarrón, a quien le preguntó cualquier cosa –desde su clásico “¿Cómo era Nora”? hasta si podía imaginar a su cuñada teniendo una relación sexual consentida en la cama de su hija- menos sobre las finanzas del imputado, que a los bienes que compartía legalmente con su esposa sumó después del crimen el cobro de un jugoso seguro de vida y un coqueto departamento en Miami, Estados Unidos, que nunca declaró ante la AFIP y cuya adquisición fue develada por una investigación del periodista Gustavo Molina.

En un juicio que se va quedando sin testigos relevantes –el miércoles sólo se incorporaron viejos testimonios por lectura- e irremediablemente va llegando a su fin, el fiscal parece alejarse de la acusación que llevó al viudo al banquillo. ¿Su falta de convicción lo hará pedir un cambio de carátula o renunciar a la acusación? Sólo Julio Rivero, en su íntima convicción, tiene la respuesta a esta pregunta, que quedó flotando en la sala de audiencias tras la segunda comparecencia de Vignolo.

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