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A un costado del camino, cada cual atiende su juego

La falta de gasoil se profundiza en plena cosecha gruesa. Las petroleras prefieren exportar crudo a precios internacionales a convertirlo en gasoil para abastecer el mercado interno.

Por Roy Rodríguez

Las fotos se repiten de manera cíclica en la Argentina. Cuando llega el momento de la cosecha gruesa, en el pico anual de consumo de gasoil, los surtidores de estaciones de servicio cruzan sus mangueras o entregan combustible a cuentagotas y los camiones cerealeros comienzan a agruparse en los cruces de rutas importantes, protestando por el sobreprecio y la imposibilidad real de seguir operando. Detrás se esconde un complejo entramado de intereses donde la idea de quedarse con una porción mayor de ganancias choca contra una realidad donde pierden todos.

Argentina debería importar desde ahora hasta el 2.030 un 11 % de su consumo anual de gasoil, según un informe de la Secretaría de Planeamiento Energético. Sin embargo, y con el precio del barril de petróleo por encima de los 100 dólares, el faltante actual ronda un 20 %, según las cámaras del sector. Y estiman que el país deberá gastar entre 2.000 y 4.000 millones de dólares más que el año pasado para abastecerse de combustibles líquidos.

“Nosotros tenemos una situación complicada. El producto falta en las estaciones de servicio y las petroleras siguen entregando por cupos.Si se agota, pueden pasar varias horas e incluso un par de días hasta volver a recibir. Y eso se da en casi todas las provincias”, dice Guillermo Lego, gerente general de Confederación de Entidades del Comercio de Hidrocarburos y Afines de la República Argentina (Cecha).

Rolando Pérez describe una situación similar. Él es socio de la Cámara Empresaria del Autotransporte de Cargas de Córdoba (Cedac), de la que además es gerente general: “Tengo gasoil para dos días –advierte-. Después se me acaba el carretel. Pedí un camión con diez mil litros y me trajeron seis mil. Además tenemos problemas para transitar. Ayer en un corte de ruta me pararon un camión con crema. Si está cuatro horas ahí, esa crema se echa a perder”.

Como una vía para morigerar la situación, la Secretaría de Energía de la Nación concedió la semana pasada un aumento al precio oficial de biodiesel. El nuevo esquema prevé una suba escalonada que va de $ 179.451 por tonelada para abril, llegando a $198.143 para las operaciones a desarrollarse en agosto. El último aumento databa de diciembre. En marzo se pagaba $143.265.

El faltante de gasoil comenzó a sentirse un par de semanas después que el Gobierno aumentara las retenciones al aceite y la harina de soja. Según fuentes del sector, en los últimos días la mayoría de las petroleras entregó a las estaciones de servicio gasoil puro, sin el agregado del 5 % previsto por ley.

Al mismo tiempo las Bolsas de Cereales de Córdoba, Buenos Aires, Bahía Blanca, y Entre Ríos, y diversas cámaras asociadas a la fabricación de biocombustibles le pedían al gobierno elevar a un 10 o 20 % el componente biológico en el gasoil.

En Córdoba, la semana pasada se reunió el Consejo del Transporte Automotor de Carga Agropecuaria de la provincia. A la mesa se sientan las grandes empresas acopiadoras y procesadoras de granos junto a transportistas y autoridades provinciales. Tuvieron dificultades para acordar una nueva tarifa. Entre faltantes y sobreprecios, la soja, uno de los insumos del biodiesel, seguía esperando en el campo.

“Nosotros pedimos una reunión con el secretario de Energía (Darío Martínez) para encontrar la manera que las refinerías tengan más crudo y dejen de tener capacidad ociosa”, dice Guillermo Lego. La brecha entre los 68 dólares que el Estado paga a las empresas por barril extraído en Argentina y los 120 que llegaron a obtener en el mercado internacional la primera semana de marzo ahondó el problema. Es que, para compensar, se permite exportar crudo a precios internacionales e importar no sólo gasoil, sino también gasoil y naftas Premium. Mientras las destilerías cuentan con capacidad ociosa.

“A las empresas resulta poco atractivo abastecer el mercado interno, entonces exportan. Les conviene más traer gasoil de afuera. Además, como no tenemos la capacidad para producir gasoil de calidad, tenemos que importar. Detrás de la falta de gasoil hay toda una trama que tiene que ver con las inversiones y con la economía general del país”, opina Graciela Cacace, investigadora del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Luján.

Al otro lado de la cadena -los dueños de estaciones de servicio- la situación es preocupante. Algunas, previendo que la falta de stock se extienda, venden no más de 15 litros por cliente. “Con nuestro esquema de costos y precios que se mantuvieron congelados por nueve meses, más la caída de ventas por la escasez, muchas estaciones están lejos de alcanzar un punto de equilibrio”, dice Guillermo Lego. “Esto se termina cortando con el más chico. Porque la empresa grande se abastece a granel. Y ya ajustó con sus clientes ese 10 o 15 % del precio del gasoil, por encima de lo que dice el surtidor. ¿A quién le va a faltar el combustible? A ese que carga todos los días para hacer cada viaje”, agrega Pérez.

Aquellos que aún mantienen cuentas corrientes en las estaciones de servicios se encuentran con una “factura abierta” cuyo precio se actualiza en el momento del pago.

La solución parece estar lejos: “Nosotros creemos que es necesario que se le busque una compensación al productor. Que siga exportando crudo, pero que parte de esa exportación derive al mercado interno y las destiladoras puedan refinar un poco más”, dice Lego. Para Cacace “los problemas energéticos no se solucionan de un día para otro, sino con proyectos que van más allá de gobiernos de cuatro años”.

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